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Uniendo voces, mentes, y corazones por el Sur Global

hace 3 días
6 min de lectura

¿Quién decide qué merece ser financiado y quién asume los costos cuando los recursos no alcanzan? Estas preguntas atravesaron la jornada final de la 7.ª Semana de Financiamiento Climático y Sostenible 2026 (SFC2026), organizada por GFLAC. 


El quinto día de actividades, que llevó por lema “Uniendo voces, mentes y corazones por el Sur Global”, reunió posturas de América Latina y el Caribe, junto a diversas posiciones que representaron a África para hablar sobre la participación de las mujeres y las juventudes para transformar el sistema financiero. Las conversaciones destacaron una misma exigencia: dejar de lado la participación meramente simbólica y pasar a una participación que sea efectiva en el diseño de los mecanismos, la asignación de los recursos y en la toma de decisiones. 

Asimismo, en el inicio de la jornada se compartió un posicionamiento hacia los bancos multilaterales de desarrollo y sus propietarios, en el marco de las reuniones anuales del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) a las que la voz de la gente pidió pasar de los compromisos a la implementación a través de un financiamiento más asequible, concesional y alineado a las prioridades de los países en desarrollo.


Mujeres, fuerza del Sur Global: propuestas para una reforma financiera feminista


Reconocer quién sostiene los costos de las crisis


El primer panel, moderado por Laura Restrepo, de Climate Action Network Latin America (CANLA), analizó cómo las reglas financieras afectan de manera diferenciada a las mujeres. La deuda, los ajustes fiscales y las condiciones del financiamiento climático tienen consecuencias sobre su tiempo, sus ingresos y sus posibilidades de participar en las decisiones.


Belén, presidenta de Fundación Pachamama, explicó que, cuando los servicios públicos son insuficientes o se reducen, las mujeres suelen cubrir esas necesidades mediante trabajos de cuidado no remunerados. Así, terminan “subsidiando con su tiempo” parte del costo del servicio de la deuda. Desde su experiencia con comunidades amazónicas, señaló que las dificultades para acceder a la educación, el transporte y la atención médica también limitan su independencia económica y la participación política de las mujeres.


Sandra Guzmán, de GFLAC, coincidió en que el trabajo no remunerado sostiene el sistema económico y que los recortes de presupuestos generan nuevas responsabilidades a las mujeres, tanto en el cuidado como en la administración de los recursos del hogar. Desde África, Maureen, de Global Alliance for Tax Justice, vinculó estas desigualdades con las reglas fiscales internacionales y explicó que las salidas de recursos reducen la capacidad de financiar servicios públicos y pueden aumentar el endeudamiento y los impuestos al consumo que afectan más a los hogares con menores ingresos.




Financiar la acción climática sin profundizar la deuda


Carolina, de Climate Reality Project, Brasil, destacó que las condiciones de los recursos importan tanto como su cantidad y mostró la tensión que existe entre atender la crisis climática y el cumplimiento de obligaciones financieras que limitan los presupuestos disponibles.

Las propuestas del panel apuntaron a transformar las reglas y los mecanismos de acceso. Maureen planteó mejorar la transparencia para reducir la pérdida de recursos y pidió incorporar la igualdad de género y la justicia climática en la cooperación fiscal internacional. Belén insistió en que las mujeres y las organizaciones indígenas deben intervenir desde el inicio en la definición de prioridades, criterios de acceso, implementación y evaluación de los fondos. Además, propuso evaluar los impactos de género y derechos humanos antes de aplicar programas de ajuste, y medir los resultados con indicadores que reflejen las realidades y los conocimientos comunitarios. Por otra parte, Carolina pidió mantener metas verificables de financiamiento climático y subrayó que la perspectiva de género debe formar parte de los criterios para seleccionar y diseñar los proyectos.


El futuro financiero: propuestas desde las juventudes


Participar también significa poder decidir


El segundo panel, moderado por Daniela Fernández de Bolivia, abordó las barreras que enfrentan las juventudes para acceder al financiamiento y participar en la gobernanza. La discusión destacó que estar presente en una consulta o conferencia no garantiza tener la capacidad de influir en los presupuestos y las prioridades de inversión.


Chrispin, de Climate Clock, República Democrática del Congo, explicó que a pesar de los avances del dinero móvil existen obstáculos en el sistema bancario tradicional como las tasas de interés elevadas, exigencias de garantías, falta de historial crediticio y requisitos legales. También señaló algunas brechas de conectividad, información y educación financiera, que afectan de manera distinta a las juventudes según su género, ubicación y condiciones de vida.


Por su parte, Ezequiel, de ActionAid, Liberia, citó una investigación de 2025 según la cual solo el 0.96 % del financiamiento climático de fundaciones llega a iniciativas lideradas por jóvenes y cuestionó, además, que su participación se concentre en espacios de consulta. Jefferson Cabrera Rodríguez, director general de iGrow, Colombia, propuso pasar de la participación simbólica a aquella que es vinculante; lo cual implica involucrar a las juventudes en la toma de decisiones presupuestarias y en la evaluación de resultados. Así como establecer mecanismos mediante los cuales las instituciones expliquen públicamente qué propuestas incorporan, cuáles descartan y por qué.


Crear condiciones para que las soluciones puedan sostenerse


Jefferson compartió una contradicción que es bastante frecuente: se exige experiencia para otorgar los recursos, pero se necesitan recursos para adquirirla. Por lo que, ante este desafío, planteó financiar el potencial de las iniciativas, acompañarlas en sus distintas etapas y establecer requisitos conforme a su nivel de desarrollo. También destacó la necesidad de democratizar el acceso a la tecnología y al conocimiento, mediante formación y herramientas comprensibles y útiles para las comunidades. 


Angie Ortiz, de la Cooperativa 29 de Octubre, Ecuador, complementó estas propuestas con un énfasis en la educación financiera, el aprendizaje entre jóvenes y la construcción de comunidades resilientes. Destacó las alianzas entre instituciones públicas, entidades financieras, academia y sociedad para ampliar las oportunidades de empleo, financiamiento y participación en las decisiones.


Crispin propuso fortalecer el acceso directo y la gobernanza local de los recursos, mediante pequeñas donaciones, mecanismos adaptados al territorio y procedimientos simplificados. También pidió priorizar apoyos que no generen nuevas deudas para las comunidades que protegen los ecosistemas. Por último, Ezequiel insistió en crear mecanismos específicos para las juventudes, simplificar las solicitudes y fortalecer las capacidades institucionales de sus organizaciones. Su llamado a un financiamiento basado en la confianza estuvo acompañado de la responsabilidad de garantizar transparencia, credibilidad y rendición de cuentas en el uso de los recursos.


Reconocer a quienes transforman las finanzas sostenibles


Liderazgos que abren oportunidades


La jornada culminó con la segunda entrega del Premio a Mujeres por las Finanzas Sostenibles en América Latina y el Caribe, que reconoció a las trayectorias vinculadas con la autonomía, independencia económica, la protección ambiental y la transformación de las instituciones financieras.


Las galardonadas fueron:


  • Mariana Lilian Sales Jacinto, por su trabajo con mujeres de su comunidad en huertos familiares, producción orgánica y comercialización de sus productos.

  • Catalina Pazos, gerente de Women in Finance, por su trayectoria en la regulación, educación financiera y promoción de una perspectiva inclusiva en el sector.

  • Mónica Elizabeth Reynosa Paredes, directora ejecutiva del Fondo Ambiental de Quito, por impulsar la articulación de recursos públicos, cooperación internacional y participación privada para la protección ambiental.

  • Gisela Sánchez, primera mujer en ocupar la presidencia ejecutiva del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), por su liderazgo en sostenibilidad e inclusión financiera.

  • Marina Brenden, oficial sénior de finanzas sostenibles para Latinoamérica en el Global Green Growth Institute (GGGI), por su contribución a los bonos temáticos, taxonomías y marcos de financiamiento sostenible, incluido el de vivienda asequible y resiliente en Ecuador.



Conclusiones


La jornada mostró que transformar el financiamiento climático requiere revisar quién decide, bajo qué condiciones se entregan los recursos y quién asume los costos cuando estos son insuficientes. Las intervenciones conectaron la justicia climática con los trabajos de cuidado, la autonomía e independencia económica y las oportunidades para implementar soluciones desde los territorios. Las propuestas coincidieron en fortalecer la justicia fiscal, evitar nuevas deudas, simplificar el acceso y diseñar los mecanismos junto con las comunidades. También destacaron que la participación debe traducirse en capacidades de decisión, acompañada de transparencia y rendición de cuentas.


La cooperación entre África, América Latina y el Caribe puede contribuir a llevar estas demandas de manera conjunta a los espacios internacionales. Por lo tanto, el desafío es convertir el reconocimiento de las mujeres y las juventudes en recursos, oportunidades y poder para impulsar un cambio positivo.


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