Mujeres y financiamiento climático en América Latina, entre barreras y transformación.
- GFLAC

- hace 6 días
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El Segundo Foro de Mujeres por las Finanzas Sostenibles reunió a lideresas de la región y puso en foco una tensión central: el crecimiento del financiamiento climático convive con obstáculos estructurales que siguen limitando el acceso de las mujeres a los recursos y a los espacios de decisión.
El financiamiento climático en América Latina y el Caribe crece en volumen, en visibilidad y en presencia dentro de la agenda pública. Sin embargo, su distribución continúa atravesada por desigualdades persistentes.
Esa participación, sin embargo, no se refleja en los espacios donde se decide cómo y hacia dónde se asignan los recursos fue uno de los ejes del II Foro de Mujeres por las Finanzas Sostenibles, realizado el 11 de marzo, que reunió a representantes del sector público, privado, organismos internacionales y organizaciones territoriales. El encuentro funcionó como un espacio de análisis técnico y político sobre los límites del sistema financiero actual y las condiciones necesarias para transformarlo.
“El financiamiento climático no puede ser neutral al género. Si lo es, lo que haremos es seguir profundizando desigualdades que ya existen”, advirtió Daniela Saade, estudiante de la Maestría en Políticas Públicas en la London School of Economics. Su planteo sintetizó una preocupación compartida: los instrumentos financieros reproducen brechas cuando no incorporan criterios explícitos de equidad.
En los últimos años, algunos avances comenzaron a modificar ese escenario. Taxonomías sostenibles como las desarrolladas en México incorporan criterios de género, mientras que en Colombia se integran principios sociales bajo el enfoque de “no hacer daño significativo”. A nivel internacional, organismos como el Fondo Verde del Clima y el Banco Interamericano de Desarrollo exigen planes de acción de género e indicadores diferenciados como condición para el financiamiento.
Pero quizás uno de los puntos más críticos del foro fue la distancia persistente entre las grandes estructuras financieras y los territorios. Allí, la intervención de Sandra Gualinga del Colectivo de Mujeres Amazónicas Defensoras de la Selva expuso con claridad esa brecha: “La Amazonía no es solo un lugar en el mapa. Es nuestro hogar, nuestra farmacia, nuestra escuela y nuestro espacio sagrado”.
Esa desconexión también se expresa en el plano institucional. Gabriela del Valle, Secretaría Técnica del Instituto Municipal de Planeación Saltillo advirtió que, sin capacidades técnicas a nivel local, los recursos no logran materializarse: “Sin planificación climática, los fondos no tienen dónde aterrizar”. El resultado es un circuito incompleto, donde los compromisos internacionales no logran traducirse en políticas concretas ni en mejoras en la vida cotidiana.
El sector privado, por su parte, tampoco escapa a estas tensiones. Aspecto abordado en la segunda sesión del Foro “Sector privado y financiamiento climático: ¿Estamos incluyendo a las mujeres emprendedoras“. Carolina Kitchen, Líder senior, Inversiones climáticas en South Pole señaló que los criterios tradicionales de inversión siguen dejando afuera a muchas iniciativas lideradas por mujeres: “Los negocios liderados por mujeres muchas veces no encajan en los filtros de los grandes fondos”. Y lejos de suavizar el diagnóstico, llamó a incomodar esas reglas: “Incomodemos, molestemos… porque lo que aprendemos es más grande y lo que evolucionamos es más”.
Carol Riofrío, Presidenta y Fundadora de Women in Finance recordó que, en algunos países, las mujeres todavía enfrentan restricciones legales para acceder al crédito, incluyendo la necesidad de autorización de sus parejas. Es decir, la exclusión no es solo financiera: también es normativa, cultural y persistente.
“Las mujeres son mejores pagadoras, pero enfrentan peores condiciones de financiamiento”, señaló Luisa Montes, Directora de Ecovalores, evidenciando una contradicción que el mercado aún no corrige. Por su parte, Daniela Hernández, Directora de Earth and Life University, invitó a revisar incluso los propios procesos de formación: “La educación no es la meta, es el medio para generar conciencia y transformación”.
Lejos de ser un evento aislado, el foro forma parte de una estrategia más amplia impulsada por GFLAC junto a organizaciones aliadas en la región. El trabajo no se limita a abrir espacios de debate, sino que incluye el fortalecimiento de capacidades técnicas, la generación de redes y la construcción de herramientas concretas para que más mujeres puedan incidir en los espacios donde se toman decisiones financieras y climáticas. En ese proceso, el objetivo es claro: pasar de la participación simbólica a la incidencia real, en ese sentido oficialmente anunciamos una nueva edición del Programa de Mujeres por las Finanzas Sostenibles 2026.
Como se destacó durante el encuentro, estos esfuerzos buscan “fortalecer el conocimiento técnico, impulsar el liderazgo y generar redes de colaboración” que permitan transformar el sistema desde adentro .
El mensaje final del foro fue claro y, al mismo tiempo, incómodo para la inercia del sistema: la transición hacia economías sostenibles no es neutral. Implica disputar poder, redefinir prioridades y revisar quiénes toman decisiones sobre los recursos. “No se trata solo de acceso al financiamiento, sino de participación en la toma de decisiones”, se remarcó en el cierre .
En un contexto donde la crisis climática exige respuestas urgentes, la discusión de fondo ya no es únicamente cuánto financiamiento se moviliza, sino hacia dónde va, bajo qué criterios y con qué actores en el centro.
Les invitamos a revivir el foro en


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