top of page
Fondo3.png

Entre avances y retrocesos de los Banco Multilaterales de Desarrollo en América Latina y el Caribe en el sector energético

  • Foto del escritor: GFLAC
    GFLAC
  • 27 may
  • 5 min de lectura

Actualizado: 29 may


Por: Diego Escalante, Asociado en Finanzas Públicas para América del Sur


Los bancos multilaterales de desarrollo enfrentan un proceso de tensión política que puede generar un retorno a los combustibles fósiles. Particularmente bajo una narrativa de «abundancia energética»promovida por la actual administración de Estados Unidos, que incluye presiones para descartar agendas climáticas como el Plan de Acción de Cambio Climático del Banco Mundial que expira en junio de este año y cuyas negociaciones de un plan futuro 2026-2030 están estancadas.  Esto no es un hecho menor, tomando en cuenta que el Banco Mundial es el principal banco de financiamiento climáticoaportando el 48% del financiamiento total de los principales bancos multilaterales.   


A esto se suma que en las reuniones del Grupo de los 20 (G20) — que reúne a las principales 20 economía del mundo — actualmente se tiene un grupo de trabajo para el retorno de los combustibles fósiles —bajo el paraguas nuevamente de abundancia energética— liderado por Estados Unidos que tiene la presidencia de este grupo para este año. Esto marcaría un cambio de dirección respecto a los acuerdos previos alcanzados en el G20, en especial en este espacio de negociación, pues gran parte de las reformas estructurales de los bancos multilaterales de desarrollo se dieron en el G20. Por ejemplo, los reportes del Grupo Independiente de Expertos del G20 que propusieron una hoja de ruta de reformas que se incorporaron en la Declaración de Nueva Delhi del G20  en 2023 y eventualmente se materializaron en reformas concretas por parte de la Declaración de Marruecos firmada ese mismo año por los principales bancos multilaterales. 


 

El documento tiene  como objetivo  estimar las inversiones de cartera de los bancos multilaterales de desarrollo hacia el sector energético para la región de América Latina y el Caribe, así como el avance de implementación de las reformas y su vínculo con el sector energético. Para lograrlo, se analizó la cartera de inversión a través de los montos aprobados comprometidos del BID, BID Invest y del Banco Mundial en el sector energético entre  2020 y 2024 utilizando información a nivel proyecto. Se seleccionaron estos bancos porque tienen el mayor alcance en la región, las mayores inversiones y forman parte de la Declaración de Marruecos en búsqueda de reformas multilaterales. 


¿Por qué el sector energético?  


El sector energético requiere grandes inversiones que permitan transitar de tecnologías intensivas en carbono a energías renovables. Se estima que para el grupo de países que conforman los mercados emergentes y países en desarrollo (EMDCs, por sus siglas en inglés), sin contar a China, se requerirían entre 1.290 – 1.745 billones de dólares por año hasta 2030 solamente para el sector energético, y así mantener la meta de los 1.5 ° C.  


América Latina y el Caribe ocupa una posición clave en la transición energética, pues cuenta con abundantes recursos de energías renovables y minerales críticos, aunque también concentra importantes reservas de combustibles fósiles, como es el caso de Venezuela.  De acuerdo con datos de la IEA, si bien en 2023 los combustibles fósiles aún representaban el 67% del consumo energético total de la región, se observan avances significativos en la expansión de las energías renovables, que ya aportan cerca del 60% de la generación eléctrica. Los países que más destacan en la región con generación de energía a través de renovables son Paraguay (99%), Costa Rica (87%), Brasil (78%), y Colombia (69%); sin embargo, cabe señalar que una parte importante de esta energía proviene de hidroeléctricas, cuyo desarrollo puede estar asociado a impactos sociales y ambientales en comunidades y ecosistemas forestales. 

 

Más inversión en energías limpias, pero con más deuda 


Los resultados del estudio de el GFLAC revelan que las carteras de inversión de los bancos multilaterales de desarrollo analizados muestran una trayectoria hacia la transición energética. El volumen de inversión de energías limpias creció un 151% entre 2020 y 2024 alcanzando 3.792 millones de dólares, mientras que la inversión en tecnologías carbono-intensivas se redujo en un 97%, para el último año 7.69 millones de dólares. De manera acumulada, las inversiones limpias fueron 27 veces mayores que las intensivas en carbono.  


A pesar de estos avances, el endeudamiento sigue siendo el principal mecanismo de financiamiento de la transición energética en la región. Los datos revelan que la deuda explica el 85% de todos los instrumentos utilizados, lo que puede generar presión fiscal y limitar el margen de los gobiernos para sostener políticas de largo plazo orientadas a una transición justa y sostenible. 


Dentro de las energías renovables, destaca la energía solar fotovoltaica, cuyo peso en el patrón de inversión en los años estudiados representó el 60% de toda la inversión en renovables. Sin embargo, tecnologías como almacenamiento y vehículos eléctricos recibieron  apenas el 0.51% reflejando una priorización incompleta de la cadena de valor de la transición energética, lo que podría limitar la integración efectiva de energías renovables. 


La región de América Latina y el Caribe muestra una tendencia a alineación con transición energética, pero es heterogénea entre países. De 18 naciones evaluadas, 16 destinaron más del 90% de su inversión energética a proyectos sostenibles, lo que sugiere una orientación mayoritaria hacia la transición. En contraste, El Salvador y Perú registraron proporciones elevadas de financiamiento intensivo en carbono, con 58% y 56%, respectivamente. Esto pone de manifiesto que, pese a los avances, la región experimenta aún una alineación incompleta y que es necesario continuar la reducción de fósiles. 


El proceso de implementación de reformas estructurales de los bancos multilaterales de desarrollo avanza de manera limitada. Mientras que, en algunos casos, se muestra un cambio gradual en la estrategia institucional como el Grupo BID, en el caso del Banco Mundial los cambios registrados se concentran principalmente en ajustes narrativos, sin reformas de carácter estructural documentadas hasta el momento, lo que subraya la importancia de crear mecanismos de transparencia y rendición de cuentas para alcanzar estas reformas. 


Los hallazgos del análisis apuntan a la necesidad de avanzar más allá de cambios graduales hacia reformas estructurales del financiamiento para la transición energética en la región. Esto implica no solo continuar incrementando el financiamiento para lograr las metas de transición energética, sino mejorar su calidad, diversificar instrumentos financieros y cerrar brechas financieras en eslabones del sector. Asimismo, es importante evitar retrocesos por agendas que busquen el retorno de los combustibles fósiles y vayan en contra del Acuerdo de París. 


Los hallazgos del análisis subrayan la importancia de mantener y profundizar los compromisos de los bancos multilaterales en materia de transición energética. 

 
 
 

Comentarios


  • Instagram
  • Facebook
  • X
  • Youtube
  • LinkedIn

Consulta nuestro aviso de privacidad

bottom of page