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  • Dr. Sergio Martínez Trinidad

La conservación de los suelos frutícolas como medida de adaptación y mitigación al cambio climático


Introducción

El fenómeno global del aumento de CO2 en la atmósfera tendrá un gran impacto en la configuración de la productividad de los árboles frutales, ya que el CO2 es un factor limitante en la fotosíntesis, ocasionado cambios en la sincronización de las fenofases de los árboles frutales (Chmielewski et al., 2004). Asimismo, el aumento previsto de la temperatura atmosférica, como resultado del calentamiento global, tendrá muchas consecuencias sobre la fisiología de la floración y la fructificación en los frutales. Algunos registros de datos fenológicos han mostrado que la floración de los árboles frutales ha avanzado unos pocos días o semanas comparado con su comportamiento reproductivo hace un siglo (Ramírez y Kallarackal, 2015). La precipitación es otro parámetro meteorológico que va a tener muchas variaciones temporales y espaciales, esperando que tenga impacto en la fisiología del crecimiento.

La mayoría de los cultivos frutícolas requieren un número definido de horas frío para una floración y fructificación adecuadas. Una limitación importante debida al cambio climático será la reducción del frío invernal, especialmente en las zonas templadas y subtropicales, si esto sucede, muchos frutales estarían bajo una seria amenaza en lo que respecta a la productividad (Baldocchi y Wong, 2008). Las especies frutales que dependen de la respuesta fotoperiódica están más expuestas al daño por las heladas de otoño y principios de invierno.

Otros aspectos a considerar, como la reducción de la población natural de agentes polinizadores, el enfriamiento inadecuado en el invierno, la ocurrencia de heladas primaverales, granizos, deficiencia de nutrientes, sequías, etc., puede dar lugar a una mala producción de frutos y disminución del rendimiento (Ramírez y Kallarackal, 2015). Es por esto, que es necesario contar con acciones que busquen la mitigación de los gases de efecto invernadero a la vez que promuevan la adaptación ante el cambio climático.

El suelo cumple con importantes funciones (sostén y sustento

nutrimental, retención de agua, la captura de carbono y el sostén de gran número de microorganismos), de las cuales se derivan servicios indispensables para el sostenimiento del sistema frutícola. Estas funciones determinan que la conservación del suelo debe buscar el mantenimiento y la recuperación de su calidad, entendida como la capacidad para funcionar dentro de los límites naturales, para sostener la productividad, mantener la calidad del aire y del agua y sostener la salud humana (Karlen, 2004).

La degradación de suelos en México abarca el 45% del territorio nacional (SEMARNAT-Colegio de Posgraduados, 2002). En el contexto del cambio climático, uno de los principales problemas de la degradación del suelo es la reducción de los niveles de carbono orgánico del suelo (SOC), que influye en otras propiedades como el contenido de agua del suelo, temperatura del suelo y la estructura del suelo, llegando a conducir a la desertificación (Lal, 2004).

La conservación del suelo se define como las actividades a nivel local que mantienen o aumentan la capacidad productiva de la tierra en áreas afectadas o propensas a la degradación (WOCAT, 2016). Por consiguiente, las acciones de conservación (prácticas vegetativas o mecánicas) detienen el avance de la degradación de tierras, así como la reducción de emisiones de carbono a la atmósfera, por tanto, detienen la desertificación, favorecen a la mitigación del cambio climático y apoyan a la adaptación y resiliencia de los ecosistemas (Delgado et al., 2011). De aquí la importancia de la implementación de estas obras en los sistemas frutícolas.

El monitoreo del suelo y el resultado de las acciones realizadas son esenciales para evaluar la acción adaptativa. El conocimiento del impacto que generan las acciones realizadas sobre la calidad del suelo permite determinar cuáles acciones de conservación de suelos constituyen las más adecuadas para los sistemas frutícolas y cuales tienen mayor probabilidad de réplica entre la población, lo cual repercute tanto sobre las condiciones ambientales como sobre el mejoramiento de la participación social. Por lo tanto, la planificación de la adaptación de alguna obra de conservación del suelo debe comenzar con una comprensión del contexto local, considerándose el entorno biofísico, social y las presiones climáticas.

Distintas investigaciones han determinado que los programas de conservación de suelos deben cumplir con ciertos requisitos para que cumplan con sus objetivos, entre los cuales se menciona el de retomar el conocimiento local de los agricultores y de utilizar prácticas de conservación de suelos fácilmente replicables; ya que se considera un programa de conservación de suelos exitoso aquel cuya continuidad y seguimiento es dado por los mismos agricultores quienes han internalizado la importancia del problema y sus posibles soluciones (Sheeder and Lynne, 2011).

Conclusión

Dentro de las opciones de mitigación y adaptación para el sistema frutícola se sugiere la aplicación de prácticas de conservación de suelos, tales como la incorporación de residuos orgánicos, terrazas individuales, agricultura mixta basada en árboles, y complementarlas con variedades de mayor tolerancia al estrés hídrico.

Bibliografía

Baldocchi, D.D. and Wong, S. 2008. Accumulated winter chill is decreasing in the fruit growing regions of California. Climatic Change 87: 153-166.

Chmielewski, F.M., Müller, A., Bruns, E. 2004. Climate changes and trends in phenology of fruit trees and field crops in Germany, 1961–2000. Agric. For. Meteorol. 121: 69–78.

Delgado, J.A., P.M. Groffman, M.A. Nearing, T. Goddard, D. Reicosky, R. Lal, N.R. Kitchen, C.W. Rice, D. Towery and P. Salon. 2011. Conservation practices to mitigate and adapt to climate change. Journal of Soil and Water Conservation 66 (4): 118A-129A.

Karlen, D.L. 2004. Soil quality as an indicator of sustainable tillage practices. Soil & Tillage Research 78: 129-130.

Lal, R. 2004. Soil carbon sequestration to mitigate climate change. Geoderma 123:1-22.

Ramírez, F. and Kallarackal, J. 2015. Responses of fruit trees to global climate change. Springer Briefs in Plant Science. Springer International Publishing, New York, NY.

SEMARNAT-Colegio de Posgraduados. 2002. Evaluación de la degradación del suelo causada por el hombre en la República Mexicana, escala 1:250,000. Memoria Nacional, SEMARNAT Colegio de Posgraduados, 58 p.

Sheeder, R.J. and Lynne, G.D. 2011. Empathy conditioned conservation: 'walking-in-the-shoes-of-others' as a conservation farmer. Land Economics 87(3): 433-452.

World Overview of Conservation Approaches and Technologies (WOCAT). 2016. Sustainable Land Management Practices. http://www.wocat.net (acceso 10.02.16.).


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